domingo, 14 de julio de 2013

Frankfurt am Main und Zulassungsbescheid

Ayer cogí el tren de nuevo para visitar Frankfurt am Main (Frankfurt a secas para los amigos). La coletilla de “am Main” le viene para diferenciarse de otra ciudad alemana conocida como Frankfurt an der Oder. Otro ejemplo que pone en entredicho la capacidad imaginativa alemana para ponerles nombre a las ciudades. Está situada en el estado federal de Hessen y, aunque resulte extraño, ni siquiera es la capital de esta Bundesland, pues esta es Wiesbaden, una ciudad que no es ni mucho menos tan conocida como la anterior.

Frankfurt es un centro financiero muy importante en Europa, además de poseer numerosos enlaces de transporte, ya que su aeropuerto es el más grande de toda Alemania. Este ambiente económico se aprecia en los distintos rascacielos, bancos y sedes empresariales que se pueden encontrar en sus calles. Como comenté en la anterior entrada, sabía que esta ciudad no me gustaría tanto como Mainz, ya que soy más de ciudades medianas. Aun así, la tenía pendiente como ciudad importante alemana, por lo que cuando mi amigo me propuso ir a visitarla, no me lo pensé dos veces.  

Después de hacer transbordo en Mannheim, llegué en torno a las 9 de la mañana a la bulliciosa estación central, plagada de turistas y de viajeros que andaban de un lado hacia otro con las prisas pisándoles los talones. Por culpa de la puntualidad del Deutsche Bahn (sí, los alemanes serán todo lo puntuales que quieran, pero sus trenes dejan mucho que desear), Johannes llegó algo más tarde. Tras tomar un café para quitarnos un poco el sueño de encima, nos pusimos en camino al Banco Central Europeo, donde toca la foto de rigor frente al símbolo gigante del euro.


No había mucho más que ver por allí, así que cogimos el metro y nos dirigimos a la plaza principal. Es la más emblemática del casco antiguo y la única parte de toda la ciudad donde todavía se conservan las conocidas como Fachwerkhäuser, que son las típicas casas de madera que pueden observarse en muchas otras ciudades alemanas.

A pesar de que este lugar fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, se reconstruyó por completo. Lo curioso  de muchas de ellas es que la planta baja es de menor tamaño que los pisos superiores. Esto se debe a que en la Edad Media el suelo era tan caro que se llevaba a cabo esta medida para economizar.  Antiguamente todo Frankfurt estaba lleno de estas construcciones, pero en la actualidad predominan los rascacielos y edificios mucho más modernos propios de una ciudad cosmopolita. Aquí también se encuentra el ayuntamiento, conocido como Römer.




Igual que en Mainz, nos encontramos con un  Flohmarkt, que no es otra cosa más que un mercadito en la calle, donde la gente se dedica a vender todo lo que pilla por casa: desde zapatos, abrigos del año de la picor, cubertería, vestidos de novia… hasta muñecas desnudas y discos de vinilo. Es posible encontrar gangas, pero la mayoría de veces te encuentras con cosas que te hacen plantearte si verdaderamente alguien necesita semejante cachivache. Lo sé, siempre hay gente dispuesta a comprar una flor gigante de plástico atada a una cuerda, pero es algo que no deja de parecerme curioso.

A continuación fuimos al Städel Museum, un museo de arte con una variada colección de obras realizadas por prestigiosos artistas como Durero, Botticcelli o Renoir. La mejor parte (nótese la ironía) vino de la mano del arte contemporáneo, con salas donde uno nunca podía fiarse de si algo era una obra o un cable de plástico abandonado por uno de los trabajadores de mantenimiento (true story). La regla de oro aquí es buscar el cartelito, pues solo así se puede estar seguro de que se trata de una obra. Hubo una vez en la que entramos en una sala cuya única peculiaridad era tener papel pintado que semejaba un telón. Fue después de haber manoseado mil veces el tapizado cuando me percaté del pequeño cartelito en un rincón. Sí, básicamente me pasé la prohibición del nicht anfassen por ahí. La habitación entera era una supuesta obra de arte. En momentos como aquel no nos quedaba otra cosa que fingir que manteníamos conversaciones profundas sobre el sentido del arte. Cuestiones existenciales sobre el porqué de un cuadro donde parece que el artista está probando a ver si el bolígrafo funciona en condiciones o se le ha acabado la tinta.





Después de devanarnos los sesos en busca de significados ocultos en lienzos en negro, fuimos a la zona de compras para llenar el estómago. Encontramos un restaurante donde servían típica comida alemana. Nos pedimos un plato para dos que iba cargado de patatas, chucrut, salchichas, ensalada y carne de cerdo. Si el plato no podía ser más alemán, en la cima de semejante cantidad ingente de comida había una banderita francesa y una noruega. Sigo intentando encontrarle el sentido, sí.



Lo mejor de la comida es que vino con espectáculo incluido. Resulta que el edificio de al lado empezó a arder, así que en pocos minutos estaba la policía, el coche de bomberos y tropecientos mil transeúntes curiosos. Os podéis imaginar lo tranquila que fue la velada. Eso sí, la comida me supo a gloria.



Nuestra próxima parada fue la universidad: Johann Wolfgang Goethe-Universität. Fuimos a la facultad de letras, que contaba con un campus inmenso donde había bastantes estudiantes a pesar de ser sábado. Esto se debe a que ahora mismo es periodo de exámenes en la mayoría de universidades alemanas. Al lado de esta se encuentra uno de los parques más grandes de la ciudad, por lo que fuimos a pasear e incluso disfrutamos de un paseo en barca. Me empeñé en coger la barca de remos en vez de la de pedales, a pesar de que el pobre Johannes fue el que tuvo que remar todo el rato. Yo hacía de tripulante y vigía, ya que más de una vez casi nos estrellamos contra las rocas, un árbol y varios patos desprevenidos. Cada vez que nos acercábamos a un obstáculo me tocaba gritar: “Enten ahoi! Baum ahoi! Felsen ahoi!” Esta es la muletilla que utilizan los marineros para avisar de que se van a chocar contra algo.






También entramos en un jardín botánico donde se podían contemplar especies de todas las partes del mundo. Y, para finalizar, subimos a un alto edificio desde donde podía verse prácticamente toda la ciudad. Las vistas eran inmejorables y fue el broche final de una visita que me encantó.


A principios de esta semana llegó a mi casa en Valencia el Zulassungsbescheid de la Universidad de Freiburg o, lo que es lo mismo, la carta de aceptación. ¡Al fin! En este sobre también venía información importante sobre los trámites que tengo que seguir una vez llegue, así como el calendario de la semana de bienvenida que se organiza para todos los estudiantes. Además, recibí al fin un e-mail donde se me comunicaba que tenía plaza en una residencia, pero que todavía no podían decirme cuál. Supuestamente me avisarán como muy tarde a finales de agosto. Lo genial es poder saber que no tengo que dormir bajo un puente junto al Dreisam.



Como podéis ver, todo va sobre ruedas. Siento si la entrada me ha quedado algo larga, pero es que la ocasión lo merecía.




3 comentarios:

  1. Qué buenos recuerdos me trae Frankfurt, fue la primera ciudad que visité en mi primer interrail :'(. La universidad y el lago de las barcas no los conocía, solo estuve en el centro. Es increíble cómo lo reconstruyeron tras la guerra, vi una peli rodada en esa época (Berlin Express creo que se llamaba) y se ve cómo quedó el Römer después del bombardeo, irreconocible.

    El arte contemporaneo también es un misterio para mí. Me pregunto cómo lo enseñarán en los colegios del futuro. "Aquí podéis ver un lienzo blanco y... pues eso, un lienzo blanco" ¬¬. En fin.

    Respecto a los Flohmarkt, eterno amor por ellos. Lo sé, te encuentras cosas raras como huesos rancios medio destrozados que pretenden ser decorativos (true story), pero también libros por 0'5€, a eso no me resisto xD.

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  2. ¡FELICIDADES! Deberías haber empezado contando que te habían aceptado, aunque no teníamos duda alguna, puesto que, si no te aceptan a ti, no aceptan a nadie. Me ha gustado la crónica de tu viaje. Johannes es adorable, mira que dejarle remar solo a él...

    Abrazos, amor. Cada día os echo más de menos. Yo ya empiezo a tener insomnio por los nervios...

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  3. ¡Laura! Me encanta poder leer tus aventuras por tierras alemanas, ¡tienes una suerte de poder estar allí! Al ver la foto del Banco Central Europeo me he acordado de cuando mi madre y yo íbamos buscando como locas por Bruselas la maldita estatua del euro, pensando que estaba allí y no en Frankfurt.
    El lago y el paseo en barca parecen de lo más apetecibles, pero mira que no intentar remar tú, Johannes tuvo que acabar con los brazos destrozados. Al igual que Carol, el chico me parece adorable, no me lo había imaginado así ;)

    Muchísimos besos desde España.

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