En la entrada anterior me
preguntaron acerca de mi rutina en Alemania en comparación con la que llevaba
en España. Tras darle un par de vueltas, me he dado cuenta de que, en efecto,
pueden observarse algunas diferencias entre mi «vida española» y mi «vida
alemana», y aquí me propongo contaros las más relevantes.
Llevaba tiempo sopesando la
idea de publicar una entrada sobre este tema, pero siempre me paraba el hecho
de que tampoco poseo años y años de experiencia como para proporcionar
información detallada al respecto. Pese a ello, el comienzo del nuevo año me ha
animado a compartir algunas cuestiones importantes a la hora de ser traductora
(o traductor) autónoma en Alemania. Yo misma estaba hecha un mar de dudas al
acabar el grado en Valencia, porque pocos profesores nos facilitaron datos
sobre cómo es la situación en el caso de España. Por suerte, en Heidelberg tuve
un seminario intensivo que duró una semana, durante la cual una traductora nos
bombardeó con todo tipo de información acerca de la profesión del traductor autónomo en
Alemania. Fue un curso muy exhaustivo y algo abrumador –sobre todo cuando la
mujer empezó a enumerar los distintos tipos de seguros que se deberían
contratar–, pero a la vez muy útil, porque dio respuesta a muchas de las
preguntas que llevaban rondando por mi mente desde que me planteé dar el salto
como autónoma. Por supuesto, no me voy a detener en todo lo que ella mencionó,
sino en algunos aspectos clave: cómo registrarse, algunos puntos sobre
contabilidad y las ventajas de formar parte de una asociación de traductores.
Raro es el otoño alemán en el que no hay
alguna semana con lluvia sin descanso. Es entonces cuando empieza a sonar a
cuento esa frase tan repetida como verdad universal: “el cielo es azul”. Pero
son sin duda las temporadas así, donde el panorama que nos ofrece la ventana bien
podría ser una imagen estática, las que tanto se prestan a desempolvar todas
aquellas lecturas pendientes de la estantería. Hace poco me chivaron la
existencia de una joya en Internet: https://www.rebuy.de/, un
sitio web que les da un respiro a los bolsillos de todos aquellos compradores
compulsivos de libros. Mi novio entra dentro de esta categoría de personas, así
que le encargué que me pidiese algunos ejemplares que llevaba tiempo queriendo
leer. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme en su apartamento una pila descomunal
de novelas, muchas más de las que le había mencionado. Como no pude resistirme
a comenzar con la lectura de varios, me propuse reflexionar acerca de ellos,
aunque tan solo les dedicase unas líneas; evitando así uno de los problemas que
entraña devorar libros: olvidar todo con la misma rapidez.
„Ah, Venedig!
Eine herrliche Stadt! Eine Stadt von unwiderstehlicher Anziehungskraft für den
Gebildeten, ihrer Geschichte sowohl wie ihrer gegenwärtigen Reize wegen!“
La Venecia que Thomas Mann retrata es
una ciudad bien distinta a la que nos acogió hace un mes. Aunque, bien mirado,
esto podría afirmarse de todos los lugares turísticos. La atracción que esta
ciudad a orillas del Mar Adriático ejerció en tantos artistas se ve mermada por
las bandadas de turistas, quienes desfilan por los estrechos callejones como
hormigas en procesión. Pese a la alta concurrencia –agravada por los numerosos
cruceros que tienen la isla como destino–, es innegable que la ciudad tiene
mucho que ofrecer. Cuando el sol comienza a descender y las nubes se tiñen del
rosicler que anuncia el fin del día, muchos visitantes abandonan la ciudad y es
posible imaginarse qué aspecto tenía esta antes de la masificación turística.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Social Icons