Dentro de poco más de un mes me habré graduado
(touch wood). Como ya he comentado en
otras entradas, la carrera universitaria por la que me decanté es Traducción y
Mediación Interlingüística, grado ofertado por la Universidad de Valencia.
Desde hace bastante tiempo tenía claro que no quería cursar el posgrado en
España, así que este último año he dedicado bastante tiempo a informarme sobre las
distintas opciones que hay en Alemania, ya que es allí donde tengo pensado
realizar el máster. Mi obsesión poco saludable por enterarme de hasta el último
detalle me ha obligado a leerme tropecientas guías docentes, procesos de
admisión y demás trámites burocráticos. Soy de esas personas a las que les
encanta estresarse con años luz de antelación. Como todavía no he publicado
demasiadas entradas en relación con mis estudios, he pensado que no estaría de
más redactar una entrada que quizás pueda ayudar a todos aquellos que, como yo,
quieran estudiar un máster de Traducción en Alemania.
Antes de ir al grano para comentar las
universidades alemanas y los posgrados que estas ofertan, tengo que mencionar
un paso crucial: la solicitud. La documentación necesaria puede variar de una
universidad a otra, así como los plazos para presentarla, por lo que conviene
informarse con tiempo. Entre otras cosas, porque en muchos casos hacerse con
todos los documentos será toda una aventura que hará que la búsqueda del Santo
Grial parezca un juego de niños en comparación.
La mayoría de universidades alemanas piden que
los documentos estén en inglés o en alemán, por lo que seguramente tengamos que
proporcionar una traducción certificada (beglaubigte
Übersetzung), llevada a cabo por un traductor jurado. Por lo que a los
documentos en sí se refiere, los que suelen pedir en casi todas las
universidades son los siguientes:
- Nota de acceso a la universidad: por
raro que resulte, a diferencia de España, en Alemania piden la nota con la que
ingresamos en la universidad, lo que ellos conocen como Abitur. Así, en nuestro caso habría que traducir tanto el título de
bachiller como las notas de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU).
- El título universitario oficial y las
calificaciones. En el caso de que aún no tengamos el título por estar cursando el último año de carrera,
deberemos presentar un documento que así lo acredite, expedido por nuestra universidad. Muchas universidades suelen aceptar no solo estudiantes que hayan realizado el grado en Traducción, sino también otros grados de la rama de Humanidades.
- Certificado oficial de conocimientos de
alemán. Por regla general, piden un C1 y aceptan los siguientes títulos: el
DSH, el TestDaF y los certificados del Goethe-Institut.
De todos los documentos nos pedirán copias
compulsadas, así que tendremos que ir al ayuntamiento junto con los documentos
originales para obtenerlas. Además, otro dato importante es que en muchas
universidades, como la de Leipzig, nos pedirán que mandemos nuestros títulos al
Uni Assist (http://www.uni-assist.de/). Esta es una asociación alemana que se encarga de supervisar que
nuestros certificados extranjeros son válidos para estudiar en una universidad
alemana, proceso que se conoce como Zeugnisprüfung.
Preparad la cartera, porque este proceso supone unos gastos (75 €), además de
15€ por cada universidad adicional a las que solicitemos una plaza.
Dicho esto, paso ahora a centrarme en los
posgrados de Traducción sobre los que estuve indagando, por ser los que más
interesantes me parecían:
1- Universidad de Leipzig
(Translatologie)
Esta universidad es una de las más prestigiosas
para Traducción, no solo dentro de Alemania, sino en toda Europa. De hecho,
este posgrado en concreto cuenta con un sello de calidad otorgado por la
Comisión Europea.
A diferencia de los otros másteres que
comentaré, para ingresar en este es necesario realizar una prueba de acceso (Eignungsprüfung), que suele tener lugar
en junio. También es posible realizarla en septiembre, pero hay que aportar
razones que justifiquen por qué no podemos hacer el examen en la primera
convocatoria. Dicho examen consta de dos partes: una parte en alemán sobre
cultura general y otra con una prueba de traducción a nuestra lengua materna.
En el caso de que el alemán no sea nuestra lengua materna, ofrecen cuatro idiomas
como lengua A: inglés, francés, ruso y español. La lengua B siempre será el
alemán.
Dentro del máster, hay dos itinerarios posibles
dependiendo de los cursos que elijamos: traducción especializada (con una
orientación al mundo laboral) o lingüística aplicada (con una orientación a la
investigación). En el caso de la traducción especializada, hay muchas
asignaturas prácticas donde se traducen todo tipo de textos de carácter
especializado (técnicos, jurídicos, médicos…). Dependiendo del ámbito al que
queramos dedicarnos, elegiremos unas asignaturas u otras. Se traduce tanto del
alemán al español como a la inversa. Además, le dan gran importancia a la
integración de las herramientas TAO, por lo que enseñan un buen dominio de los
bancos terminológicos y de las memorias de traducción, además de ofertar
asignaturas optativas muy interesantes como la gestión de proyectos o la
localización de páginas web.
Un punto a favor de este máster es el lugar
donde se encuentra: Leipzig. La antigua ciudad de la RDA ha florecido a lo
largo de los últimos y, actualmente, apenas hay vestigios del antiguo
socialismo gris que caracterizaba el este del país. Muchos la consideran la
“nueva Berlín”, porque se ha convertido en un lugar muy atractivo para muchos
estudiantes, no solo por su amplia oferta cultural y artística, sino por los
bajos precios de alquiler.
2- Universidad de Heidelberg
(Übersetzungswissenschaft)
La universidad más antigua de Alemania también
puede presumir de una larga tradición en los todavía jóvenes estudios de
Traducción. De manera similar al máster de Translatologie, también puede
escogerse un itinerario más enfocado a la traducción especializada o al campo
de la Traductología y a las cuestiones culturales, desde una perspectiva
contrastiva.
A diferencia del máster anterior, no hay prueba
de acceso, pero la nota mínima para acceder es de un 2,0 (en el grado), lo cual
viene a ser algo más de un 8 en el sistema de calificaciones español. Además,
tienen muy en cuenta si hemos realizado actividades adicionales, como pueden
ser cursos de traducción o prácticas en empresas.
Uno de los puntos fuertes de este máster es que
ofrecen la posibilidad de cursar asignaturas de otras carreras como Derecho,
Medicina y Economía, lo cual puede ser de gran ayuda para familiarizarnos con
la terminología y adquirir nociones básicas de las distintas disciplinas. La falta de conocimiento técnico es uno de los
problemas más acusados en traducción especializada, por lo que estas Ergänzungsfächer pueden ser de gran
ayuda para afianzar una base sobre la que continuar formándonos. En el caso de
Derecho, por ejemplo, nos dan la opción de escoger distintas asignaturas de
carácter introductorio acerca de los distintos sistemas jurídicos de diversos
países, lo cual resulta fundamental para la traducción judicial.
A esto hay que sumarle que Heidelberg es considerada
por muchos turistas como la ciudad más bonita de Alemania. De hecho, su
pintoresco casco antiguo no fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, por
lo que la arquitectura quedó prácticamente intacta, a diferencia de muchas
otras ciudades alemanas.
3- Universität Hildesheim - Internationale Fachkommunikation. Sprachen und
Technik/ Medientext und Medienübersetzung
Esta pequeña ciudad de Baja Sajonia no es tan
conocida como las dos anteriores, pero también oferta dos másteres de
Traducción: uno de traducción técnica (Internationale Fachkommunikation. Sprachen und Technik) y otro de
traducción audiovisual (Medientext und Medienübersetzung). Por lo que he podido comprobar en las guías docentes, le dan mucha
importancia al uso de las nuevas tecnologías y a la experiencia práctica. Tal
es así, que es obligatorio realizar prácticas de un mínimo de duración de ocho
semanas. Un requisito de la solicitud es presentar una carta de motivación
junto con el resto de documentos.
4- Fachhochschule Köln –
Fachübersetzen
A diferencia de los otros tres, este máster se
imparte en una Fachhochschule, un tipo de universidad que se caracteriza por ofertar
estudios eminentemente prácticos. No tienen un carácter tan académico, sino que
están enfocados al mundo laboral y suelen mantener estrechas relaciones con
empresas.
Igual que Leipzig, este máster también recibió
el sello de calidad de la Comisión Europea. Además, tal y como ocurría con la
de Hildesheim, también es obligatorio realizar prácticas, las cuales deben
durar un mínimo de dos meses. Los estudiantes suelen hacerlas durante las
Semesterferien, sobre todo entre el 2º y el 3º semestre.
Hay casos concretos en los que es necesario aprobar
un examen de admisión, es decir, si tenemos una media superior a 2,3 o 3,0 o no
hemos realizado estudios de Traducción. Esta prueba suele tener lugar a finales
de mayo.
Por lo que a los ámbitos de especialidad se
refiere, hay dos opciones posibles: traducción científico-técnica o económico-jurídica.
Colonia es la cuarta ciudad más grande de Alemania
y es conocida por el carácter alegre de sus habitantes, por su catedral, la rica
cerveza Kölsch y la celebración del carnaval. Todavía no he conocido a ningún
alemán que no hable maravillas de ella.
Y hasta aquí la entrada de hoy sobre posgrados
de Traducción. Sé que no he mencionado otras universidades como la de
Saarbrücken o la de Mainz, pero he querido centrarme en estos cuatro másteres, ya
que ha sido sobre los que más me he informado. El problema de la de Mainz, por
ejemplo, es que la facultad está situada en Germersheim, un pueblo con complejo
de ciudad que seguramente tenga menos vida que cualquier localidad de la España
profunda en pleno invierno. Por muy buena que sea la calidad de enseñanza, creo
que la ubicación también es un factor que hay que tener en cuenta, ya que los
posgrados en Alemania duran dos años, así que no está de más pensarse bien
dónde queremos vivir.
Cambiando de tercio, hace poco compré mi billete de avión, así que la
fecha de partida ya es definitiva: el 28 de junio me embarcaré en mi segunda aventura au
pairil, para pasar tres meses en Friburgo. En poco más de un mes, me habré mudado a Alemania para una
estancia seguramente mucho más prolongada que mi año de intercambio Erasmus.
Después de haber estado desaparecida durante
bastante tiempo, regreso para contaros qué tal fue mi breve escapada a
Friburgo. Como ya comenté en una entrada anterior, el martes pasado me marché a
Alemania aprovechando unos billetes de Ryanair a un precio de lo más suculento.
El destino (Frankfurt Hahn) está donde Cristo perdió la sandalia, pero logré
cuadrar tropecientas combinaciones de medios de transporte. Pero como siempre
suele ocurrir, la suerte me sonrió y quiso que un día antes de mi partida se
declarase la huelga más larga en la historia del Deutsche Bahn. ¿No es
maravilloso?
Podéis imaginaros mi desesperación al darme
cuenta de que se cancelaba el tren que supuestamente iba a llevarme desde
Karlsruhe a Friburgo. En seguida me vino a la memoria la mala noche que me tocó
pasar hará cosa de tres años en el aeropuerto de Fráncfort. Una y no más, santo
Tomás. Así que, tras oír mi retahíla de insultos hacia la querida asociación de
maquinistas alemanes y en un acto de solidaridad, Milan vino a la estación de
Karlsruhe y pasamos la noche en la ciudad. ¿Pagar una noche en un hotel?
Demasiado caro. Me negaba a pagar un céntimo más por culpa de la huelga, así
que optamos por deambular un poco (y quien dice un poco, dice seis horas). Para
matar el tiempo fuimos a un bar de cócteles y luego exploramos el Zoologischer
Stadtgarten. En este último lugar entramos más bien por puro accidente, ya que
en principio está cerrado y no puede accederse de noche (obvio). De todas
formas, dejando aparte infracciones no intencionadas, no es una visita
recomendada a estas horas, ya que los sonidos de los animales en plena
oscuridad no eran de lo más agradables, y menos aún con una piña colada en la
sangre.
Una vez en Friburgo, todo fue de maravilla. El
tiempo era inmejorable y pudimos disfrutar de excursiones por el bosque, paseos
en bicicleta a orillas del Dreisam e incluso de un concierto de piano gratuito
ofertado por la Musikhochschule. Por cuestiones prácticas no me llevé la
cámara, así que solo tengo algunas fotografías del móvil de una calidad
mejorable, aunque mejor que nada.
La guinda de mi visita tuvo lugar el domingo.
Con esto os desvelo una muy buena noticia: ¡voy a repetir experiencia au pair!
Y esta vez nada más y nada menos que en Friburgo. Resulta que, después de
sopesar distintos planes para este verano, me registré de nuevo en Au Pair
World para ver si había alguna familia en alguna ciudad que me interesase. La
suerte quiso que me encontrase con una que vivía en Merzhausen, un municipio que,
si bien no llega a ser parte del mismo Friburgo, está prácticamente al lado y
mucha gente lo considera como un barrio dentro de la ciudad. De hecho, la casa
donde viven está a cinco minutos andando de una parada de metro del conocido barrio
ecológico, Vauban.
Tras intercambiar algunos correos, anteayer
quedé con la familia para conocernos mejor. Congenié tanto con los dos niños
pequeños como con los dos padres, por lo que no me lo pensé dos veces a la hora
de firmar el contrato. Así que ya está decidido: desde finales de junio hasta
finales de septiembre viviré de nuevo en Friburgo. Esto significa que dentro de
poco volveréis a leer entradas sobre mis experiencias como au pair en el país
teutón.
Todavía sigo a la espera de la plaza que
solicité como auxiliar de conversación. En teoría comunican el destino a
principios de junio, por lo que hasta entonces dudo que sepa nada. He de
admitir que estoy bastante impaciente por saber si me han concedido una plaza y
en qué lugar, aunque no me hago demasiadas ilusiones sobre la ciudad, porque es
algo muy arbitrario.
Justo antes de comenzar las vacaciones de
Pascua, en mi universidad organizaron una jornada sobre Alemania, en la cual se
daban consejos para estudiar allí, trabajar o sencillamente pasar una
temporada. Respecto al último punto, mencionaron alternativas muy interesantes
para irse a este país sin tener que romper el cerdito y quedarnos sin un duro.
De cara al verano, siempre suele ocurrir lo
mismo: los días se alargan, el calor apremia y lo único que queremos es que
lleguen las deseadas vacaciones para mandar los apuntes a paseo. Tener tiempo,
al fin, para hacer todo lo que queríamos hacer y que no podíamos por culpa de
los exámenes: practicar más deporte, apuntarnos a ese cursillo de iniciación a
la cerámica que el ayuntamiento ofrece, perfeccionar nuestras artes culinarias e
ir más allá de un excelente manejo del microondas… Pero disponer de tanto
tiempo libre no siempre implica aprovecharlo. Y es que muchas veces acabamos
apalancados en el sofá o frente al ordenador en estado vegetativo, pegados al
ventilador y sin mover un solo músculo. ¿Solución? Salir de nuestra zona de
confort y pasar unos meses en un país con un clima más fresquito, donde además
podremos perfeccionar un idioma y vivir experiencias nuevas.
Las opciones rentables son muchas, y a
continuación os daré dos que se propusieron en la jornada y que, desde mi punto
de vista no son tan conocidas.
Campos de trabajo
El nombre en sí no suena muy tentador que
digamos (las asociaciones con el pasado negro de Alemania saltan a la vista),
pero trabajar en uno de estos campos puede ser una buena opción si todavía no
sabemos mucho alemán. Esto se debe a que en muchos de ellos la lengua oficial
es el inglés, pues acuden jóvenes de todas las nacionalidades. Aun así, también
podéis encontrar algunos campos donde se hable alemán, si vuestro objetivo es
practicar este idioma.
Se trata de realizar un trabajo voluntario en
proyectos de interés social, cultural o medioambiental, como la restauración de
unas ruinas, ayudar a construir un parque infantil, a plantar árboles,
organizar festivales… A cambio nos proporcionan alojamiento gratuito, además de
comida. Las cuotas que se pagan son bastante bajas y sirven para cubrir gastos
administrativos.
Algunos sitios web donde encontrar campos de
trabajo son los siguientes:
Trabajar en una granja
Si sois amantes de la naturaleza, no os importa
ensuciaros un poco las manos y siempre soñasteis con vivir en un entorno
idílico de paisajes de ensueño, esta puede ser vuestra opción ideal. A cambio
de comida y de alojamiento, igual que en los campos de trabajo, podéis trabajar
en una granja alemana, llevando a cabo tareas como recolectar frutas, hacer queso,
ordeñar vacas o alimer animales. No se necesitan conocimientos avanzados del
idioma y puede ser una forma interesante de descubrir cómo es la vida rural en
Alemania.
Si preferís optar a otro tipo de trabajos
voluntarios durante una temporada, os recomiendo el siguiente sitio web: http://www.workaway.info/hostlist-DE.html. Registrarse cuesta unos 23 euros (tiene una validez de dos años) y
podéis tener acceso a distintas ofertas de gente en Alemania que busca ayuda.
También hay ofertas en grandes ciudades, por si no sois muy amigos de la vida
en el campo.
Me ha parecido conveniente comentar estas
alternativas porque creo que no son demasiado conocidas, aunque está claro que
también hay otras opciones, como trabajar de au pair o buscar algún trabajo de
verano. Las posibilidades están ahí, así que solo tenéis que animaros a dar el
paso.
Cambiando de tercio, hace nada compré los
billetes de tren y de autobús para mayo. Al final resulta que sí que iré a
Friburgo, porque sería un pecado no hacerlo en la época del año en que todo
está precioso por allí. Como Frankfurt Hahn está dejado de la mano de dios, me
toca ir en autobús y luego en ICE. Así que mi recorrido será algo así: en coche
hasta el aeropuerto de Valencia, luego avión, después autobús, tren y,
finalmente, en tranvía en Friburgo. ¿Me dejo algún medio de transporte? Una vez
allí, si el tiempo lo permite, iré en mi querida bici para desplazarme, a la
que abandoné en el sótano en casa de mi novio y que supuestamente me está
esperando con la rueda reparada. Creo que el reencuentro será emotivo (con la
bici, aunque al alemán también lo echo de menos).
Después de un mes sin actualizar (he tenido que
comprobar varias veces la fecha de la anterior entrada, porque me parecía mucho
tiempo), regreso para hablaros acerca de mi estancia en Gran Canaria.
Huir de Valencia en época de fallas ha pasado a
ser costumbre, por no decir una necesidad. Nunca me lo pienso dos veces con tal
de escapar del ruido de los petardos, del olor a pólvora y de los borrachos
agarrados a las farolas. Por mucho encanto que le vean los valencianos a estas
fiestas, para mí siempre han significado una excusa perfecta para realizar una
escapada. El destino de este año no ha sido en territorio extranjero, aunque sí
fuera de la península: Gran Canaria.
Fue difícil encontrar el lugar idóneo, porque
mi novio volaba desde Basilea y yo lo hacía desde Valencia, así que había que
cuadrar más o menos horarios para que coincidiese que ambos llegásemos y
saliésemos el mismo día. A esto había que sumarle las exigencias de Milan de
hallar un sitio cálido que fuese acorde a su concepción de “vacaciones
paradisíacas”. Vamos, que aquellas ciudades más al norte de Friburgo quedaban
descartadas. Teniendo todo esto en cuenta, resultó que la mejor opción era esta
isla.
Como Milan llegaba por la mañana, él se
encargaba de coger las llaves del apartahotel que habíamos reservado, ya que mi
avión aterrizaba casi a las doce de la noche. Ryanair y sus horarios de cine,
sí. A esta hora ni siquiera pasaban los autobuses, por lo que yo ya estaba
preparándome para donar mi riñón y costearme así el viaje en taxi desde el
aeropuerto. Pero la suerte quiso que la pasajera que se sentaba a mi lado se
ofreciese a llevarme en coche hasta el centro de la ciudad, por lo que solo
tuve que ir en taxi unos 5 minutos.
El lugar donde nos alojábamos estaba justo al
lado de la Playa de las Canteras, una bonita playa del norte no tan turística
como otras del sur, véase Maspalomas o la Playa del Inglés. Aun así, los días
de buen tiempo el paseo marítimo estaba atestado de turistas. Ingleses,
finlandeses y alemanes con pieles de horchata que pedían a gritos capas de protección
solar para no volverse rojo pimentón en cuestión de minutos. Para consuelo de
muchos, hay que destacar que los pies los llevan siempre bien protegidos,
gracias al antiestético conjunto de sandalias Birkenstock con calcetines. “No,
si no me he quemado por completo. Mis pies siguen conservando intacto su blanco
nuclear”.
Esta semana en la isla ha servido sobre todo
para desconectar del estrés de la universidad. He intentado tomármelo con
calma, así que no ha sido en absoluto el típico viaje de “visitar la isla de
cabo a rabo”. La mayor parte del tiempo lo pasamos dando largo paseos por la
playa, contemplando atardeceres, leyendo o disfrutando de una buena cena.
Como me negaba en rotundo a acabar en los
restaurantes-trampa para turistas, me informé un poco por Internet sobre qué lugares
para comer estaban bien. A veces tan solo hay que girar un callejón para
descubrir un sitio que merece la pena. Este es el caso de Mestizo Tasca, un
pequeño restaurante cerca del paseo marítimo de las Canteras. Con una
apariencia similar a la de una gruta y un ambiente de lo más agradable, este
lugar sirve platos no excesivamente caros, bastante elaborados y riquísimos. Como
llegamos bastante pronto (sobre las ocho), no tuvimos problema para encontrar
mesa, pero en cuestión de minutos se llenó por completo a pesar de que era
martes. Creo que es un sitio clave para los amantes de la buena cocina que no
quieren dejarse el dineral del siglo. Los platos rondan en torno a los 8 euros
y se prestan a compartirse entre dos, para así probar varios distintos.
Nosotros pedimos la cazuela de queso provolone, pollo caramelizado con cous
cous y pistachos y el volcán de chocolate de postre.
Gran Canaria es una isla de contrastes. Igual
te encuentras con un bonito jardín botánico que con zonas totalmente desérticas
que te hacen pensar que has acabado en las afueras de Kuwait. El centro
histórico no es demasiado grande y puede recorrerse en poco tiempo a pie. Los
edificios son por regla general bastante bajos y no demasiado homogéneos por lo
que al estilo arquitectónico se refiere, pero aun así hay zonas que merece la
pena visitar.
Después de esta semana de relajación por
tierras canarias, me toca volver a la cruda realidad y enclaustrarme en mi
cuarto para lidiar con la montaña de trabajo que tengo. El próximo viaje será
el 6 de mayo a mi queridísima Alemania, como resultado de una compra compulsiva
de billetes a Frankfurt Hahn, al ver que estaban a un precio de risa. Todavía
no sé si me quedaré por la zona de Renania, en la que ya trabajé de au pair, o
si viajaré de nuevo hasta Friburgo. El problema de esta última opción es que
las conexiones no son para tirar cohetes, pero lo bueno es que no tendría que
preocuparme por el alojamiento. Tengo que sopesar las distintas opciones, así
que ya os contaré qué pasa al final.
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