lunes, 8 de diciembre de 2014

Cómo dominar el argot






Parece que el invierno ya se ha dejado caer por Valencia y las temperaturas han bajado. He aprovechado este puente para desempolvar la decoración navideña enterrada entre cajas y cajas de trastos. Le he ganado la batalla a los cables de las luces y me ha quedado algo medianamente decente, aunque yo suelo tener más bien poco arte para estas cosas. Por desgracia este año no podré disfrutar de los mercadillos navideños alemanes y tendré que conformarme con el ambiente de aquí, que mucho tiene que envidiarle al del centro de Europa. 

Dejando aparcada mi morriña, en la entrada de hoy quiero hablaros sobre una cuestión del aprendizaje de idiomas que me parece esencial. Seguro que os ha pasado alguna vez: conocéis a un extranjero que habla casi a la perfección el español, que apenas tiene acento y que, sin embargo, tiene algo que no acaba de cuadrar del todo, algo que lo delata como no nativo. De vez en cuando, se le escapan expresiones o palabras un tanto forzadas que, pese a ser de lo más correctas, tú nunca dirías. Esta falta de total naturalidad es uno de los grandes desafíos a la hora de aprender una lengua.

Tras haber lidiado con las reglas gramaticales y sus dichosas irregularidades, con las listas inacabables de vocabulario, con todos los tiempos verbales; nos topamos con que hay un aspecto clave para hablar de forma apropiada: el registro. Por todos es sabido que, dependiendo del contexto en el que nos encontremos, hablaremos de una forma u otra. Las habilidades que nos permiten adaptarnos a las distintas situaciones las vamos adquiriendo a medida que crecemos, pues nos vemos obligados a desenvolvernos en distintos contextos. Pero ¿qué ocurre cuando aprendemos una lengua y no hemos estado en contacto con situaciones comunicativas reales? Pues que acabamos hablando como el libro de texto lo hace. Aprendemos como esponjas todo lo que nos echan, traducimos las expresiones a nuestra lengua materna y no nos paramos demasiado a pensar en si algo que hemos aprendido puede valer o no según la situación.

Os voy a hablar de algo que me pasó a mí y que ejemplifica esto a la perfección. Resulta que, al leer una novela en alemán, me encontré con la expresión ein ums andere Mal (“una y otra vez”). Yo la utilizo bastante en español y me pareció muy útil, así que la apunté y memoricé para utilizarla en cuanto se me presentase la ocasión. Cuando esta llegó, la solté muy contenta y orgullosa, pensando que la frase me había quedado lograda y natural a más no poder. Si había salido de los labios de una escritora alemana, eso tenía que sonar de lo más auténtico, oye. Al otro participante de la conversación le pareció hacer gracia y me dijo: “¿ein ums andere Mal? Nadie dice eso”. Pues sí, resulta que es una expresión que, aunque no parece demasiado complicada y yo habría jurado que era de lo más común, prácticamente nadie la dice al hablar, solo por escrito y sobre todo en novelas. En el lenguaje hablado suelen decir immer wieder. En el diccionario no establecen una diferenciación entre ambas y es imposible discernir cuál es la más común.

Es cierto que en muchos libros se intenta que los diálogos sean naturales y lo más cercanos posible a conversaciones reales del día a día. Sin embargo, las frases que aquí suelen incluirse son solo la punta del iceberg. Cuando nos toca meternos en una conversación, nos damos cuenta de que se nos escapan muchos matices y de que no acabamos de entender muchas cosas, a pesar de haber captado todas las palabras. Muchas veces, la culpa la tienen los giros idiomáticos o expresiones coloquiales. Frases hechas que, por regla general, no suelen venir recogidas en los libros de texto.

¿Qué podemos hacer entonces para aprender el “lenguaje de la calle”? Aunque la clave suele ser relacionarnos con nativos e ir adquiriéndolo poco a poco, hay libros específicos que pueden facilitarnos mucho la tarea. Ejemplo de ello son unos libritos de PONS que a mí, personalmente, me parecen muy útiles. Tengo dos volúmenes en inglés (Word up! 1 y 2) y dos en alemán (Was geht? y Das kannst du laut sagen). Recogen expresiones coloquiales con ejemplos de uso bastante acertados y la traducción en español. Algunos ejemplos son de lo más divertidos, por lo que hacen que sea una lectura muy amena. Si conocéis a alguien que le gusten los idiomas, pueden ser la perfecta solución para evitar quebraderos de cabeza sobre posibles regalos de Navidad.





Otra muy buena manera de ir adquiriendo la jerga son los podcasts. Sobre todo en aquellos en los que el público llama para dar su opinión y donde todos los oyentes pueden participar. Uno de mis preferidos es High Noon, perteneciente a la emisora de radio Fritz. En el programa suelen lanzarse preguntas de todo tipo y la gente llama para dar su punto de vista o contar su experiencia. Los temas van desde cuestiones de lo más banales e íntimas como “¿qué os parece sexy?” o “¿con quién vivís?”, hasta aspectos más controvertidos y relevantes como los extremismos o los tipos de dieta más saludable.

En inglés, suelo escuchar al joven comediante Matt Edmondson, cuyo acento británico es adorable a más no poder y bastante claro. Comenta sucesos relevantes actuales de una manera informal y con comentarios jocosos. Es bastante complicado pillar todos los guiños, porque ya se sabe que los ingleses tienen un humor muy propio.  


Estas son solo algunas de las posibles opciones para aprender el argot, pero hay muchísimas más que seguro que también son muy útiles. ¿Conocéis algunas más? En tal caso, ¡no dudéis en comentarlas!

3 comentarios:

  1. ¿Qué programa gastas para editar las fotos? ¡Me encanta el nuevo diseño del blog!

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  2. Yo también tengo el "Word up! 1" de Pons y la verdad es que tiene expresiones muy curiosas. No sabía que también estuviese en alemán. ¡Creo que debería de hacer una visita a la librería pronto! :)

    ¡Abrazos!

    Chelo

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