lunes, 25 de julio de 2016

La mudanza se repite

Si llevas tres años de ciudad en ciudad, con menos de un año de permanencia en cada una de ellas, deshaciendo y haciendo maletas, acostumbrándote y desacostumbrándote a las rutinas escogidas, pierdes la noción de qué es el hogar y de adónde perteneces realmente. Hay gente que disfruta este constante desplazamiento, porque consideran que son capaces de llenar en una simple mochila todo lo que es esencial en sus vidas. Están convencidos de que llevan a cuestas cada uno de los rincones en los que han estado. Parece que hoy en día no hay mayor expresión de libertad que afirmar no querer quedarse anclado a ningún punto geográfico. Pero ¿y si en este constante ir y venir, uno se pierde a sí mismo? Creo que eso es lo que me ha pasado sin apenas darme cuenta.




Con cada mudanza, dejaba atrás una parte de mí de la que ni siquiera era consciente. Al llegar al nuevo lugar, me centraba en las tareas que tenía que concluir y abandonaba hábitos pasados, costumbres mediante las cuales creía ser capaz de definirme. Durante este último año en Leipzig, no he sido capaz de encontrarme a mí misma. Nueve meses repletos de tiempo libre que han terminado esfumándose casi sin dejar rastro. Dejé apartada la escritura, olvidé casi por completo lo que era pasar noches en las que los pensamientos centelleaban sin descanso, les di un absurdo valor a incontables banalidades, llegué a creer que la huida hacia el sur era un reencuentro conmigo misma. En definitiva, dejé de ser yo y nunca me sentí del todo a gusto en la ciudad del este.

Quizás fuera esta desafortunada experiencia la que me ha empujado a tomar la decisión de mudarme de nuevo. Aun habiendo aprobado la prueba de acceso de la Universidad de Leipzig, me he decantado por proseguir con mis estudios en Heidelberg. Si alguien me preguntaba el porqué, alegaba que las asignaturas se aproximan más a mis expectativas, que siempre he sentido debilidad por el encanto del sur y las ciudades universitarias de reducido tamaño, que el frío del norte me resultaba insoportable, que las seis horas de viaje hasta Friburgo se me hacían eternas… Y todo esto sería, sin duda, cierto. Aun así, lo que me ha llevado a cambiar de nuevo de lugar de residencia ha sido esta desorientación que he sentido durante el tiempo que pasé en Leipzig. Tenía el presentimiento de que, si le daba una segunda oportunidad a la ciudad, no serviría de nada y todo iría a peor.

Justo en el momento en el que tomé la decisión definitiva de que quería ir a Heidelberg, me sentí mucho mejor. Este buen augurio fue la confirmación de que haber hecho lo contrario habría sido probablemente un error. Arrastrar conmigo este desánimo habría ennegrecido desde el principio los dos próximos años. Aun así, continuaba clavada la espina de la incertidumbre respecto al alojamiento. En Heidelberg los alquileres son mucho más caros y es difícil encontrar piso por el elevado número de estudiantes. Pero la suerte me ha sonreído en este sentido y he logrado obtener una plaza en una residencia de estudiantes. Viviré con un/a compañero/a de piso en un edificio de construcción reciente, situado en un gran campus, próximo a la facultad de Medicina.

Por el momento continúo en Friburgo haciendo las prácticas, las cuales no me dejan demasiado tiempo, pero ayudan a que aproveche al máximo los días libres de los que dispongo. A principios de agosto regresaré por última vez a Leipzig a recoger mis cosas y las dejaré en el piso de Heidelberg, pero no me mudaré definitivamente hasta septiembre.


Las últimas semanas en Leipzig di largos paseos por mis lugares preferidos, aun sin saber que sería seguramente la última vez que los pisaría en mucho tiempo. Ahora intento conservar exclusivamente los buenos recuerdos de esta ciudad y la lección de que las novedades del entorno no deben influir en lo que siempre ha estado ahí.




3 comentarios:

  1. Es buen consejo el no olvidar. Por simple casualidad, previo a tu entrada leía la historia reciente de un espacio deportivo en mi país, la cual tiene entre sus muchos espacios significativos, uno muy especial, el cual versa así " un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro". Por supuesto, creo, a diferencia de tu análisis, refiere a hechos que espero no se repitan, pero al pensar en la importancia de no olvidar lo que nos ha formado y aquello que elegimos seguir, para mi se relacionan. Sé, como cada espacio, cada ambiente puede llegar a retocar o formar grandes fragmentos de lo que somos, pero también sé de la capacidad que poseemos para no olvidar lo importante, ya que es ello lo que nos hace infelices cuando desaparece o brinda el toque especial a un día cualquiera.
    Creo me fui por las ramas. Me agrada la manera que has plasmado lo que has vivido y la conclusión a la que llegaste.
    Me queda desearte la mejor de las suertes en el nuevo paso que has decidido dar.
    Espero poder leerte un poco mas seguido.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Todos pasamos por épocas en las que necesitamos parar a pensar y reorientar nuestras vidas, pero me alegro de que después de varias semanas hayas decidido ir a Heidelberg. No he estado nunca, pero por lo que recuerdo haber leído en alguna de tus entradas parece una ciudad muy acogedora. ¡Ojalá te llegues a sentir como en casa! Lo que sí es seguro es que todos nos alegramos mucho de que hayas retomado tu actividad en el blog :)

    En menos de un mes haré una escapada a Basilea y aprovecharé para pasar un día en Friburgo. Aunque he recopilado bastante información gracias a tus entradas antiguas, ¿podrías recomendarme algo que consideres imprescindible? Solamente pasaré unas horas allí, pero me gustaría aprovechar al máximo mi día en ese trocito de la Selva Negra. :D

    ¡Besos!

    Chelo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Chelo:

      Espero haber llegado a tiempo y que aún no hayas estado por Friburgo, aunque me resulta difícil recomendar un único sitio de toda la ciudad, ya que está repleta de rincones que merecen la pena. El que sin duda no puedes perderte es el mirador Kanonenplatz, desde donde hay unas vistas increíbles.

      Ya me contarás qué te ha parecido la Selva Negra. ¡Que tengas un buen viaje!

      Un abrazo

      Eliminar