domingo, 27 de noviembre de 2016

Por qué Heidelberg es puro romanticismo






Berlín, Múnich, Hamburgo, Colonia, Fráncfort. Estos topónimos seguramente no resulten desconocidos para alguien que no esté demasiado familiarizado con la geografía alemana. Pero si rascamos un poco más, nos sorprenderá que mucha gente conoce también una pequeña ciudad con poco más de 150.000 habitantes. Ya sea por su emblemático castillo, por su prestigiosa universidad (la más antigua de toda Alemania) o por la “privilegiada” posición de la que disfrutó durante la Segunda Guerra Mundial, gracias a la cual salió ilesa de los bombardeos; Heidelberg ha logrado hacerse un hueco incluso en el escaso mapa mental de aquellos que apenas conocen Alemania.

Pero ¿qué es lo que tiene esta ciudad para hacer gala de semejante fama? Para el gremio de estudiantes de Traducción, la respuesta es bien clara: su facultad de Traducción e Interpretación, destino Erasmus codiciado por todos aquellos que desean perfeccionar sus conocimientos de alemán en un escenario de cuento. Porque es innegable que uno de los tesoros que alberga esta ciudad es su magnífico casco antiguo, el cual se caracteriza por sus imponentes edificios académicos,  los tortuosos callejones con viviendas que alternan postigos en diversos colores, el Puente Viejo de piedra que atraviesa el Neckar de punta a punta, las innumerables villas de fachadas exuberantes y jardines que parecen sacados de revistas de decoración…


Aunque como muchas otras son las ciudades alemanas con joyas arquitectónicas similares, sería injusto dejar de mencionar otra de las peculiaridades que tanto asombran al turista: el idílico emplazamiento de Heidelberg. Curiosamente, el centro de la ciudad se encuentra algo desplazado de la estación de tren principal, a diferencia de muchas otras ciudades. El castillo se encuentra en la ladera del monte Königstuhl, por lo que a uno le embarga la sensación de encontrarse en un recogido valle colindado por bosques frondosos, donde es posible disfrutar de unas magníficas vistas tanto desde las murallas del castillo como en la montaña de enfrente, siguiendo el camino de los filósofos (Philosophenweg). Podría decirse que el pulmón de la ciudad lo compone la extensa pradera a orillas del río Neckar, donde es posible disfrutar de un sol que no siempre se atreve a hacer acto de presencia.





He de admitir que aún desconozco la mayoría de barrios de la ciudad y que todavía no he tenido ocasión de explorarla más a fondo, pero espero que esto cambie con la llegada de las Semesterferien. De momento ando bastante liada con la universidad y los encargos de traducción. Hace dos semanas, por ejemplo, apenas pude despegarme del ordenador por tener que traducir 22.000 palabras en cuatro días. Nada recomendable para la salud mental. Aun así, como casi siempre me desplazo en bicicleta, tengo la oportunidad de dejar aparcadas las preocupaciones durante los treinta minutos de trayecto hasta la facultad, dejándome contagiar un poco por el espíritu navideño que lleva instalado desde hace algunos días. 




2 comentarios:

  1. Sólo con leer tu entrada y ver esas fachadas tan bonitas, y esas fabulosas fotos que has elegido para empezar y terminar, dan ganas de pasar unos días por allí. Creo que ya te comenté que mi padre tuvo la oportunidad de pasar unos días de visita con un matrimonio amigo de mi familia que reside en Saint-Moritz (él es de München, pero viven allí por trabajo) y me habló maravillas de ella. Espero que vaya muy bien con la traducción y puedas sacar momentos en las vacaciones para disfrutar de los paisajes y sus calles. Te envío ánimo, porque yo también estoy traduciendo estos días y entiendo la sensación, aunque me imagino que la tuya será aún más "presión" por la universidad, porque lo mío al ser un tanto freelance, puedo permitirme algún descanso que otro. Ah y qué bien suena eso de Philosophenweg!

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  2. Al parecer es un gran marco en el cual vivir experiencias.

    Espero a pesar de la ajetreada labor, puedas permitirte disfrutar de todo lo que sus calles pueda entregarte.

    Que sean agradables días.

    L.

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