martes, 11 de agosto de 2015

Mes de tranquilidad





Este mes de agosto está siendo muy relajado. Apenas he tenido que cuidar de los niños, porque la madre se cortó el pulgar en un aparatoso accidente doméstico (al intentar sacar hielo de una bolsa de plástico) y le han dado de baja, así que muchas veces se quedaba en casa con ellos o hacían juntos excursiones. Además, hoy se han marchado ambos con su tía a Darmstadt y el sábado se van dos semanas de vacaciones a Fuerteventura, por lo que hasta el 31 de agosto no tendré que trabajar.

Durante esta última semana he recibido muy buenas noticias. La primera y más importante es que ¡al fin tengo piso en Leipzig! Dos días después hablar por skype con mis futuras compañeras de piso, me mandaron un mensaje preguntándome si me apetecía mudarme, que les encantaría que entrase a formar parte de su WG. Respondí con un sí rotundo y así ha quedado finiquitado el tema del alojamiento. Mi futuro hogar se encuentra un edificio de ladrillo rojo en el barrio de Südvorstadt, que podría denominarse como el equivalente a Kreuzberg en Berlín: lleno de estudiantes y vida, con una de las calles más frecuentadas y famosas de la ciudad (la Karl-Liebknecht-Straße, coloquialmente conocida como “Karli”), plagada de tiendas, cafeterías y bares. La ventaja de la vivienda es que está a tan solo 5 minutos a pie de la estación de tren, punto clave para ir a trabajar a Altenburg, ya que el trayecto son de por sí unos 35 minutos. El único problema es que la chica que deja la habitación se muda definitivamente a Halle y, aunque en un principio iba a dejar parte de los muebles, se lo ha pensado mejor y va a llevarse todos. Eso significa que tendré que empezar desde cero a crear mi propio nido, lo cual puede ser bastante engorroso al no disponer de un coche para transportar los muebles. Las primeras semanas me tocará tirar del servicio de transporte de IKEA y de mi nula destreza en temas de carpintería. He oído que en Leipzig hay muchos mercadillos (Flohmärkte), así que intentaré ir a varios para buscar alguna ganga de segunda mano.

Por un lado tengo muchas ganas de conocer una ciudad que me es totalmente desconocida, pero por otro sé que echaré de menos Friburgo. Me cuesta creer que en poco más de un mes tendré que abandonar mi querida Selva Negra. Para aliviar este drama, me estoy documentando a fondo sobre Leipzig, por lo que me he comprado el libro Endlich Leipzig, que incluye un montón de información sobre los barrios, restaurantes y consejos para recién llegados. Durante mi Erasmus me compré Endlich Freiburg (viva la originalidad de la editorial al poner títulos) y me pareció un libro muy útil, además de que es ameno de leer.

La otra buena noticia es que también me ha llegado el Zulassungsbescheid de la Universidad de Leipzig, por lo que me podré matricular el 26 de septiembre. He estado mirando algunas asignaturas de traducción que parecen interesantes, pero todo depende de mi horario en Altenburg como auxiliar de conversación. También tenía pensado asistir a un curso de francés, así que ya veremos si es factible compatibilizarlo todo sin que me dé un jamacuco por estrés autoinflingido.

Ayer por la mañana Milan se marchó a Föhr, una isla en el Mar del Norte, donde pasará los próximos días con su madre. El sábado viajan ambos a Berlín y así me recogerán por la tarde en la estación de tren. A modo de despedida, el domingo fuimos a nuestro restaurante indio preferido (Curry House). Por alguna inexplicable razón, últimamente se me ha antojado comer curry a todas horas, de ahí que me haya dado por probar nuevas recetas en casa usando esta especia. En el restaurante me decanté por unas albóndigas de verduras con salsa de almendra, por miedo a aborrecer el curry y por probar algo distinto. Ese mismo día también fuimos a tomar unas cervezas con unos amigos en el Schloß Café, una cafetería situada en una pequeña montaña (Lorettoberg) cerca de donde vivo, a la que ya había ido con mi ex compañera de piso en navidades.



Para continuar con la tradición de actividades típicas veraniegas, ayer por la tarde fui al Open-Air-Kino, que tiene lugar todos los días a las 21:30 en el patio interior del Schwarzes Kloster. La película era Still Alice, un drama sobre una profesora de universidad que padece Alzheimer a una edad temprana. He de admitir que me sorprendió gratamente la actuación de Julianne More, así que no me extraña en absoluto que le dieran el Oscar por el papel. La fotografía también me gustó bastante, sobre todo en los exteriores, a lo que seguramente ayude que se tratase de Nueva York en otoño. El aforo se completó en cuestión de minutos, pero por suerte habíamos comprado las entradas con antelación y acudimos a tiempo.


Si no actualizo antes de partir el sábado, en la próxima entrada relataré mi viaje por la capital alemana.

3 comentarios:

  1. Interesante crónica por tierras germanas,
    espero ir por allá alguna vez.

    Saludos.

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  2. Interesante crónica por tierras germanas,
    espero ir por allá alguna vez.

    Saludos.

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  3. Holaaaaaaa!!!
    Me alegro un montón de que tengas piso en Leipzig! Seguro que te lo pasas genial allí y que aprendes muchísimo! Yo aún estoy esperando que los del Studentenwerk me manden la respuesta, como no me hayan dado una habitación en una resi muero :___

    Lo del Open-Air Kino me lo apunto! :) Disfruta de lo que te queda de tranquilidad y diviértete en Berlin!

    Un beso!

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