domingo, 10 de septiembre de 2017

Documenta y despedida de la Fridtjof-Nansen-Haus

El pasado 16 de agosto regresé a un lugar que siempre recuerdo con mucha añoranza: el Goethe-Institut de Göttingen. Fue aquí donde hace cinco años (apenas puedo creerlo) asistí a un curso intensivo de alemán durante cuatro semanas, gracias a una beca que obtuve al ganar un concurso de redacciones. El motivo de mi visita fue la fiesta de despedida que se organizaba, ya que la institución se ha visto obligada a abandonar su idílico emplazamiento en la Fridtjof-Nansen-Haus, una mansión que bien podría haber salido directamente de algún cuento de los hermanos Grimm. Pese al agrio sabor que todas las despedidas dejan tras de sí, me alegró mucho poder decirle adiós a un sitio que tanto ha llegado a significar para mí. 




A la mañana siguiente visité la documenta 14, una de las mayores exposiciones de arte contemporáneo de todo el mundo que se celebra cada cinco años en Kassel. Aunque es posible entrar en distintos museos, basta con dar una vuelta por la ciudad para poder contemplar obras, ya que estas se encuentran al aire libre. Una de las más conocidas era un inmenso partenón griego (The Parthenon of Books) construido con libros que han sufrido la censura en algún momento de la historia. Junto a esta obra, lo que más me sorprendió fue el inmenso parque urbano Karlsaue, el cual alberga enormes lagos y alamedas por las que paseamos para hacer tiempo hasta que llegase la hora de coger el tren de vuelta.






El fin de semana posterior vino Milan a visitarme. El sábado por la mañana aprovechamos para ir al gran mercadillo que había montado a orillas del Meno, pese a que el cielo plomizo invitaba más bien a no deambular demasiado. Entre cientos de objetos inservibles y antiguallas que carecían de todo valor, encontramos un pequeño puesto con ejemplares clásicos, cuyas atractivas cubiertas atrajeron de inmediato nuestra atención. Tras comprar aquí algunos libros, completamos nuestras provisiones de lectura con una visita a una librería moderna, donde optamos por hacernos con Swing Time, la última novela de la escritora británica Zadie Smith. Cargados de libros, decidimos ir a trabajar un poco, por lo que acabamos en el Cafébar im Kunstverein, una cafetería muy cerca del Römer. Tomamos asiento en una tranquila esquina, bajo una gran bóveda gótica y junto a una pila de antiguas revistas de arte, donde endulzamos nuestras horas de productividad con un trozo de tarta de chocolate y café, que nos recordó a nuestro pastel preferido en Friburgo.







Como agosto ha volado sin que apenas me diese cuenta, este fin de semana he continuado con mi propósito de descubrir otros rincones de Hesse, el estado federado en el que me encuentro. He de admitir que no ha sido nada fácil, porque me ha tocado hacer acopio de fuerzas y combatir la resaca resultante de la fiesta de la empresa, la cual se celebró este viernes. Un amigo me invitó a hacer un pequeño tour en coche por Gießen y Marburg (a la que siempre confundo con Magdeburg). Esta última es una pequeña ciudad universitaria con un bonito castillo, donde me sorprendió la gran cantidad de galerías de arte y establecimientos alternativos. 




Lo mejor de la semana que está a punto de comenzar es que me marcho a Venecia el martes, para disfrutar de las vacaciones que nunca llegué a tener al acabar el semestre. Así que seguramente la próxima entrada os hable de mis impresiones sobre la ciudad de los canales por excelencia.



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