domingo, 12 de noviembre de 2017

Lecturas de noviembre

Raro es el otoño alemán en el que no hay alguna semana con lluvia sin descanso. Es entonces cuando empieza a sonar a cuento esa frase tan repetida como verdad universal: “el cielo es azul”. Pero son sin duda las temporadas así, donde el panorama que nos ofrece la ventana bien podría ser una imagen estática, las que tanto se prestan a desempolvar todas aquellas lecturas pendientes de la estantería. Hace poco me chivaron la existencia de una joya en Internet: https://www.rebuy.de/, un sitio web que les da un respiro a los bolsillos de todos aquellos compradores compulsivos de libros. Mi novio entra dentro de esta categoría de personas, así que le encargué que me pidiese algunos ejemplares que llevaba tiempo queriendo leer. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme en su apartamento una pila descomunal de novelas, muchas más de las que le había mencionado. Como no pude resistirme a comenzar con la lectura de varios, me propuse reflexionar acerca de ellos, aunque tan solo les dedicase unas líneas; evitando así uno de los problemas que entraña devorar libros: olvidar todo con la misma rapidez.



1. Memoiren einer Tochter aus gutem Hause, de Simone de Beauvoir

Hacía tiempo que le tenía ganas a este libro, porque quería escuchar de primera mano las vivencias de una de las figuras más emblemáticas de la literatura feminista: Simone de Beauvoir. En este primer tomo de su autobiografía, la filósofa muestra su reticencia hacia los ideales cristianos y conservadores de su hogar, poniendo en entredicho muchos de los deberes que se les imponían a las mujeres de aquella época, como renunciar a la educación para contraer matrimonio o tener hijos. La obstinación de Simone por continuar aprendiendo es casi contagiosa, y es una clara muestra del fuerte carácter de una de las mujeres más conocidas del siglo XX.
En particular, se me quedó grabada una de sus observaciones sobre la Filosofía: «die Philosophie hatte mir weder den Himmel eröffnet noch mich fester auf der Erde verankert». Simone pone de manifiesto sus dudas sobre el sentido de lo que hace o deja de hacer, una actitud crítica que me condujo a reflexionar más de una vez sobre mis propias decisiones.

2. Viaje con Clara por Alemania, de Fernando Aramburu

El segundo libro de Aramburu que cae en mis manos y otro motivo más para continuar leyendo las novelas de este gran escritor vasco, quien sin duda se ha ido de cabeza a la lista de mis autores preferidos. El narrador del libro cuenta las peripecias que su mujer y él viven al recorrer el norte de Alemania –no pude reprimir más de una sonrisa al leer las alusiones a Göttingen–, con el objetivo de que ella escriba una guía de viajes. Rehuyendo de todo acontecimiento espectacular o memorable, el valor de esta novela reside en el perfecto dominio de la ironía y de la lengua española del que hace gala el narrador, quien ha logrado provocarme ataques de risa cuando pensaba que el sueño ya iba a obligarme a perder el hilo argumental de la obra. Es un magistral ejemplo de una de las peculiaridades de la literatura, donde muchas veces no es tan importante el qué, sino el cómo.


3. In Plüschgewittern, de Wolfgang Herrndorf

La única obra que había leído de Herrndorf era Tschick, y aquello fue cuando acababa de comenzar a estudiar en la universidad –de ahí que poco quedase en mi recuerdo, a pesar de que fue uno de mis primeros contactos con la literatura alemana de este siglo–. Apenas llevo algunos capítulos, pero ya se ha convertido en lectura obligatoria de los trayectos de autobús (es uno de esos libros que se disfrutan mejor en transporte público). Cuenta la historia de un treintañero que parece ser más espectador que protagonista y que, llevado por la inercia de esta pasividad contemplativa, se muda a Berlín, la capital donde todo el mundo se deja arrastrar en cierta medida.  



4. Comment j’ai appris à lire, de Agnès Desarthe

En mi esfuerzo por continuar leyendo en francés, saqué este libro de la biblioteca hace poco. La relación de la autora con la lectura comenzó siendo tormentosa y complicada, al ser incapaz de verle la utilidad a esta actividad. Poco a poco, vamos descubriendo a su lado cómo la palabra se acaba convirtiendo en su compañera más fiel e íntima, hasta el punto de llegar a ser su sustento. Me ha traído al recuerdo aquellos días de mi infancia en los que algunos libros se me atragantaban, hasta el punto de que los pensamientos me abandonaban a la mínima de cambio y no lograba leer una oración completa. Aunque, como es lógico, hay muchas cosas que se me escapan, emplea un lenguaje claro y directo, por lo que siempre termino uno de sus cortos capítulos con ganas de continuar hojeando. 

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